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Cacica Stereo

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Clínica del Cesar gana primer round en disputa con el zar de la salud Jaime Arce

Valledupar, 1 de octubre de 2018.

El Juez Cuarto Civil del Circuito de Valledupar, Eduardo Cabello, mediante sentencia del 26 de septiembre de 2018, falló a favor de la Clínica del Cesar la demanda presentada por la Fundación Médico Preventiva, a través de la cual buscaba que el centro médico le pagase una deuda inexistente por más de doce mil millones de pesos ($12.000.000.000).

Los hechos que dieron lugar a la demanda tienen origen en un contrato firmado entre las dos instituciones por medio del cual la Clínica del Cesar debía atender a pacientes vinculados con el magisterio, que no podía atender directamente la Fundación Médico Preventiva.

En cumplimiento de ese contrato se presentó el caso de una menor, de nombre Herminia Carolina Ochoa Quiñonez, quien como consecuencia de un procedimiento quirúrgico sufrió unas lesiones permanentes y un daño irreversible. Por este caso ambas instituciones fueron demandas por los familiares de la menor y fueron condenadas solidariamente en primera y segunda instancia a pagar una indemnización de cerca de 500 millones de pesos  y a constituir una fiducia mercantil para sufragar los gastos que de por vida necesitará la menor para mitigar el daño sufrido.

Sin embargo, la Fundación Médico Preventiva, en vez de actuar de común acuerdo con la Clínica del Cesar, decidió hacer un arreglo directo con los familiares de la menor, para posteriormente demandar a la Clínica del Cesar aduciendo que la única responsable de la causa del daño de la menor había sido dicho centro médico y que, en consecuencia, la Clínica del Cesar debía reembolsar a la Fundación Médico Preventiva lo pagado por ésta a la menor más los intereses causados.

En entrevista con Cacica Noticias el prestigioso abogado y litigante Ramiro Bejarano, quien defiende a la Clínica del Cesar, afirmó que el trasfondo de la demanda no era buscar el reembolso de la suma pagada por la Fundación Médico Preventiva, sino que su verdadera intención era una actuación del señor Jaime Arce García, más conocido como el Zar de la Salud, para arrinconar a la Clínica del Cesar para “ponerla en una situación de debilidad económica y terminar de completar su aspiración de apoderarse de todas y cada una de las instituciones prestatarias de la salud en el departamento del Cesar, como ya lo ha venido haciendo”.

Bejarano indicó que “la única entidad que todavía no ha sucumbido a ese poder económico excesivo del señor Jaime Arce y su organización es la Clínica del Cesar. Esto era un paso encaminado a eso: idear una demanda por siete mil millones contra la Clínica del Cesar para sitiarla económicamente y obligar a sus accionistas y a la misma Clínica para obligarla a ceder sus derechos a la Fundación Médico Preventiva”.

Finalmente, cabe indicar que por ser este un fallo de primera instancia, hay que esperar qué decide el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar.

¿En serio?

Esta burda campaña de expectativa no solo es un insulto a la estética, sino que nos está notificando desde ya que el clan Gnecco piensa seriamente en seguir en posesión de la gobernación departamental del Cesar, que les tendremos que entregar en escritura pública por prescripción del dominio: Este departamento, en el que no nacieron, ya es de ellos, como una finca…

Y quiero dejar claro que no tengo nada personal contra ese clan, antes, por el contrario, siento cierta simpatía afectiva por su líder, que es una mujer muy sagaz que como política se ha superado inmensamente y derrocha una gran simpatía y allí tengo amistades. Podría decir otro tanto del clan Araújo, donde tengo amigos entrañables…

Nada personal contra ninguno de ellos, mucho en su contra desde lo político. Luis Alberto me cae bien, a Cielo la respeto y la admiro por su inteligencia política. En la casa Araújo tengo muchos amigos y considero a Santander Mejía Araújo como un hermano al que quiero inmensamente…

Lo natural es que quién detenta tanto poder como lo han tenido estos clanes, busque conservarlo tanto tiempo como le sea posible, y si el pueblo del Cesar los sigue premiando con su voto cada 2 años, ellos no tienen ningún interés en que el agua se agite, así que la casa Gnecco cada cierto período de tiempo, lo cambia todo para que nada cambie…

Y los cambios son geniales: Luis Alberto es cambiado de la Cámara de Representantes a Gobernador; Jose Alfredo se cambió con Pepe su tío que quiso cambiarse en su momento de senador a gobernador y ya hasta suena fuertemente que la hermana de Luis Alberto se podría cambiar con el títere gobernador Franco Ovalle, para ser ella ahora la gobernadora; y hay mucho más, pero tal como en su momento lo hizo el clan Araújo, en esto no hay nada que reprocharles, porque esos son actos de supervivencia…

El acto nefasto, suicida y torpe, es el del elector, que no cree en las evidencias y sale a votarles cada vez más entusiasmado, y aquí hay que citar textualmente la famosa frase de George Orwell: "Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima: es cómplice."

Así es.

Todos por aquí han optado por mirar hacia otro lado frente a la tanda aterradora de obras inconclusas, obras que se caen, obras que terminan costando muchísimo más de lo programado y hasta obras como la imaginaria Casa Departamental de la Cultura, por la que se demolió la antigua Zona de Carreteras, que terminó en un inmenso lote de escombros y que hoy en día es un parqueadero…

Y aquí nadie hace preguntas y los organismos de control del estado son un convidado de piedra, hasta el punto que muestra con claridad que esos clanes en realidad no son enemigos: Edgardo Maya del clan Araújo con el inmenso poder que tiene la Procuraduría General de la Nación, frente tanto desmán administrativo del clan Gnecco, tuvo en 8 largos años, todas las oportunidades de pararles la carrera, pues bien, no lo hizo: Ruge más un tigre de papel.

Fue absolutamente anodino frente al clan que supuestamente odia con sus entrañas: Que mal chiste.

Todo lo que sucede con el pueblo del Cesar tiene un responsable, y no son los Gnecco ni los Araújo ni los Castro ni los Campo ni los Cuello ni los Pupo: El responsable es el pueblo votante del Cesar.

No se trata de que haya que odiar a estas familias que lo único que han hecho es lo que la naturaleza indica: Fortalecerse, enriquecerse, perpetuarse y sobrevivir, esto no es un tema personal, es un tema político

La clave de las permanencias y las alternancias las conoce hasta el politólogo más torpe: Nos presentan un enemigo, nos transfieren su odio, se le atribuyen todas las culpas, se muestran como la salvación y con propuestas simples y con bastante dinero, se empiezan a disputar el poder entre ellos, con los votos de nosotros…

Hay unos datos muy curiosos: Cuando inició la elección popular de Alcaldes, la casa Campo Soto recibió el respaldo de casi todas las casas regionales, pero cuando se decretó que los Gobernadores se elegirían por la misma vía, el jefe máximo del clan Araújo, Álvaro Araújo Noguera, entusiasmó al entonces cabeza del Clan Gnecco para que se lanzara a la gobernación; pero no fue porque sí: Alfonso Campo soto, hermano del primer alcalde elegido por votación popular y en pleno ejercicio en el municipio que para aquél entonces recibía casi el 50% de todos los votos del cesar, en un intento muy conservador y muy godo de nepotismo buscó consolidar su clan como el de los varones electorales del Cesar, eso propició la unión liberal con Araujo Noguera a la cabeza.

Pues bien, resultó que Lucas Segundo Gnecco Cerchiaro demostró que quizá no era el más letrado de todos, pero que de bruto no tenía un pelo: Alfonso Campo se acostó Gobernador y amaneció ciudadano: Lucas, milagrosamente remontó el conteo en la noche, y desde entonces no sueltan esa gobernación…

 Lo que la casa Araújo intentó fue evitar el nepotismo de los Campo Soto, pero lo que logró fue que la casa Gnecco se hiciera con una gobernación que nepóticamente, hasta el día de hoy, se niegan a devolver…

Ese intento reventó las casas Gnecco y Araújo.

El clan Araújo les arrebató temporalmente esa gobernación con Mauricio Pimiento, que se vendió como la joven promesa salvadora y resultó ser un autista como gobernador, que nunca entendió cómo era la cosa y terminó increíblemente entregándole nada menos que a Lucas Gnecco otra vez, la gobernación, que enfrentaba en esa aspiración a la impresionante inteligencia del clan rival: Consuelo Araújo Noguera…

El problema para el Clan Araújo es que en realidad no son un clan, cada Araújo parece funcionar como una isla: Los Gnecco funcionan como una colmena: Lo que es con un Gnecco es con todos los Gnecco, mientras que lo que es con un Araújo es con ese Araújo…

Eso distingue por qué una mafia triunfa sobre un territorio: Familia que ora unida, permanece unida. Y ese Ora, no es necesariamente una oración al Cielo…

Lucas le entregó a su ex cuñado Rafael Bolaños, pero ya la estrella del viejo león estaba en declive: su hermana, la carismática y guerrera Cielo Gnecco Cerchiaro estaba a la cabeza del clan: Lucas jamás volverá a tener ese poder, la Doña no nació para ver pasar la vida sino para protagonizarla y arrodilló a Lucas tan en serio, que el senador Jose Alfredo es hijo de Lucas, pero solo sigue instrucciones de Cielo…

Luego el clan Araújo recupera la gobernación en cabeza de Hernando Molina Araújo, que terminó destituido, encarcelado y hoy está prófugo…

¿No da vértigo tanto Gnecco y tanto Araújo en esta historia?

Si.

Produce vértigo y el pueblo del Cesar por única vez en su historia dijo basta, y eligió a un humilde joven del sur, Cristian Moreno Panesso, que paradójicamente, bajo el eslogan Al alcance de todos, no estuvo al alcance de nadie, fue un fraude político y le devolvió al clan Gnecco en cabeza de Luis Alberto otra vez, la Gobernación.

Desde entonces no la sueltan, en uno de la familia o en cuerpo ajeno como en la actualidad con Franco Ovalle, la gobernación es del clan Gnecco.

Y ya suenan los hermanos Monsalvo Gnecco, hijos de Cielo, como candidatos posibles a esa gobernación…

Y suenan Rubén Carvajal, su sobrina Diana Molina Carvajal y Jaime Araújo Rentería todos del clan Araújo que pretenden la Gobernación…

¿En serio?

De la última gobernación de Lucas hay un recuerdo imborrable, la pérdida de 28 mil millones de pesos de la educación de nuestros niños: ¿Ese secretario de educación está en la cárcel por este hecho?

No.

No lo está, está prófugo desde ese entonces. Fueron vecinos de toda la vida en el barrio Gaitán, casa con casa, amigos y socios políticos. Hoy un hermano de ese secretario aspira a la alcaldía de Valledupar y aunque los delitos no son de sangre, la afinidad con el clan está ahí, viva, palpitante…

Esta columna ya está muy extensa, deberé desarrollarla en una próxima entrega, pero me asalta la duda:

¿En serio los vamos a volver a elegir?

Y lo pregunto porque ellos si van en serio.

Twitter @jlreales

Abogado vallenato es nuevo magistrado de la Corte Suprema de Justicia

Bogotá.- 18 de septiembre de 2018

Francisco Javier Farfán Molina fue elegido ayer como miembro de la nueva sala penal de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, encargada de investigar en primera instancia a todos los servidores públicos aforados, entre los cuales se encuentra el proceso del exgobernador del Cesar Luis Alberto Monsalvo Gnecco.

Farfán Molina nació en Valledupar pero su familia es oriunda de Urumita, La Guajira. Es egresado de La Universidad de Los Andes, centro educativo en donde ha ejercido la cátedra como profesor titular de Derecho Penal. También ha escrito varios escritos sobre dicha materia y sobre derecho disciplinario.

Farfán Molina tiene una amplia trayectoria de servicio público, entre la cual se destaca haber sido director de la Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla; magistrado auxiliar de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura; Procurador Delegado ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y representante de la Contraloría General de la República en los procesos penales por daño fiscal.

Francisco Farfán se suma al actual magistrado Aroldo Quiroz Monsalvo y ya son dos los abogados vallenatos que tienen el honor de ser miembros de la Corte Suprema de Justicia, el primero en el campo Penal y el segundo en materia Civil y Agraria.

El café de la esperanza

Aquí estoy, soy un simple testigo. Sólo vine a retratar con mi memoria este encuentro. Los protagonistas son ellos: un grupo de estudiantes de la UPC, la UDES y el Área Andina. Hay hombres, mujeres, jóvenes, adultos, indígenas. Todos tienen una misma cualidad: los mejores promedios académicos de sus universidades. Veo en sus rostros intriga, pero también propósitos y ganas, muchas ganas de trabajar por esta región. Sí, eso son: esperanza.

Hoy es 16 de agosto de 2018. Mi reloj marca las 08:15 a.m. Este restaurante se llama Mucca y queda en la carrera 9 Nº 9-25. Aquí venden unos helados de corozo y de patilla que son una locura, pero venimos a tomarnos un café con Jonathan Malagón, el nuevo Ministro de Vivienda. Estamos esperando que comience la reunión, Malagón llegó y saludó, pero salió un momento a contestar una llamada telefónica. Mientras tanto, los estudiantes hablan entre ellos sobre sus orígenes, carreras y proyectos, la mayoría apenas se está conociendo.  

Luego de unos minutos, Malagón vuelve a entrar a Mucca. Es un tipo de mediana estatura, piel trigueña y mirada tímida. Tiene un discurso fluido, sencillo. Su lenguaje neutral deja poco espacio para descifrar sus raíces, pero él suelta algunos apuntes creativos y chistosos que revelan su esencia Caribe. Sin dejar de proyectar frescura, Malagón advierte que no se trata de una reunión política, que lo único que quiere es conocer a los estudiantes. No vino para que lo oigan a él, vino para oírlos a ellos. Así que les concede la palabra.

Hay una especie de mesa redonda. Los estudiantes que están sentados a la derecha de Malagón, comienzan a presentarse. Yo estoy de frente al ministro, al lado de Camilo Quiroz, un joven vallenato que también trabaja en el Ministerio de Vivienda. Soy el único profesor de las universidades locales que está aquí, me siento entusiasmado con este evento, pero hay varias preguntas que deambulan por mi cabeza: ¿por qué Malagón pidió reunirse con estos muchachos?, ¿por qué dijo que no se trataba de una reunión política?, ¿por qué no está tomándose un café en el Club Valledupar con los congresistas del Cesar?

Rápidamente caigo encantado ante las historias de los estudiantes. Hay futuros abogados, economistas, ingenieros civiles, sociólogos, psicólogos. Todos hablan de sus experiencias familiares y académicas. Algunos exponen las investigaciones que han realizado, las penurias que han afrontado como universitarios y las ambiciones laborales que tienen. Nadie se refiere a la actualidad política, ellos sólo mencionan sus sueños, que son realmente las ilusiones de todo un país. Yo los escucho con mucha atención, mi estómago burbujea y mis ojos se humedecen: siento que vienen cosas buenas para el Cesar.       

Durante la presentación de los estudiantes, Malagón hace varias interrupciones. Emocionado, pregunta sobre los proyectos de investigación, invita a los jóvenes a aventurarse a estudiar en el exterior y cuenta anécdotas de su época como universitario. Ante la mirada atónita de los presentes, Malagón manifiesta que no sabía inglés cuando se fue a hacer una maestría en política económica en la Universidad de Columbia. Dice que estudiaba con un diccionario en la mano, que así hizo un ejercicio de doble memorización y se consagró como unos de los mejores estudiantes de su promoción. Como para corroborar esto, expresa que un día fue a motilarse a una peluquería de unos tipos de Costa de Marfil y el peluquero le preguntó algo en inglés y él sólo atinó a responder: “Yes, yes”. Cuando el hombre terminó de motilarlo, Malagón se miró en el espejo y descubrió con terror que tenía una cancha de futbol en la cabeza. Era junio de 2010 y el mundial de Sudáfrica estaba en su apogeo.

Al oír esta historia, los estudiantes saltan de la risa. Están emocionados, se sienten identificados con Malagón. Quizás ya no sólo lo ven como el joven vallenato que ocupa un alto cargo público en Bogotá, sino también como un amigo que incluso les está proponiendo crear un grupo de WhatsApp para mantenerse en contacto.  Sí, la empatía resulta inevitable, los estudiantes y el ministro comparten el amor al conocimiento, el deseo de superación personal y las ganas de trabajar por la región.   

Después de intercambiar experiencias con los muchachos durante más de una hora, Malagón retoma la palabra y comienza a despedirse. Expresa que se va muy complacido, les agradece a los chicos por haber venido e invita a varios de ellos a hacer las pasantías en el ministerio. Confiesa que, más allá de sus reconocidos méritos académicos, profesionales y laborales, siempre contó con personas valiosas que le tendieron la mano. Eso, precisamente, quiere hacer con estos estudiantes: abrirles las puertas para que puedan desarrollar sus talentos.

He ahí las respuestas a mis interrogantes. Malagón convocó a esta reunión en Mucca para rendirle tributo al saber, a la capacidad de soñar y a los esfuerzos. Tiene la intención de ayudar a Valledupar promoviendo a los mejores, tal vez (sin proponérselo) está implementando una nueva moda en su ciudad: el talento por encima de los cacicazgos políticos. Este gesto y la forma como llegó al ministerio es un mensaje poderoso para la clase política del Cesar. Se aproxima una nueva era, un tiempo donde la inteligencia y los estudios tendrán ventaja frente a los apellidos y el clientelismo. Amigos y amigas, nuestros políticos tradicionales comienzan a preocuparse.

 Twitter: ccsilva86.

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