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Un caos al estilo Kafka

Por Carlos César Silva

Sí, la UPC huele a caos. Su inestabilidad jurídica está produciendo una crisis directiva y económica. El Consejo de Estado hace poco anuló la elección de Carlos Oñate como rector, Enrique Meza, su remplazo, ya está tambaleando gracias a una acción de repetición y el presupuesto tiene una vena rota: las millonarias demandas laborales por despidos injutificados. La desidia, la indolencia y la arbitrariedad están  ahorcando al alma mater. Duele admitirlo, pero es la realidad: las cosas van de mal en peor.  

Hace unos días se presentó una controversia jurídica -a su vez política- que puede acarrearle a la UPC nuevos prejuicios administrativos y tal vez financieros. A través de la Resolución 2783 del 24 de octubre de 2017, Enrique Meza terminó con la comisión que Jaime Maestre desempeñaba en el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Básicas y de Educación. En consecuencia, Maestre -por una orden del mismo Meza- no siguió fungiendo como representante de las Directivas Académicas ante el Consejo Superior Universitario.

El rector cimentó su decisión conforme a lo establecido en el Acuerdo 023 de 2014, que manifiesta que los empleos del nivel directivo son de libre nombramiento y remoción. Sin embargo, Maestre -como se dijo- era también representante de las Directivas Académicas en el CSU y en el acuerdo 011 de 2005 se limita la capacidad de desvinculación que tiene el rector para estos casos, reservándole únicamente la facultad de trasladar o reubicar al funcionario dentro de las Directivas Académicas: se trata de una especie de “fuero especial”.

No obstante, Meza, en las consideraciones de la Resolución 2783, indicó que el Acuerdo 023, derogó los acuerdos 011 del 2005 y 014 de 2009 (este último dice que el “fuero” solo aplica para el titular de la representación, no para los suplentes), lo cual no tiene fundamento jurídico. Del contenido del Acuerdo 023, no se evidencia una derogatoria expresa, pues no es incompatible con los acuerdos 011 y 014, toda vez que no regula las mismas materias: aquel no comprende de manera integral la composición, elección y permanencia de los integrantes del CSU, así que no puede dejar sin efectos las normas sobre el particular.

Por otro lado, Maestre estaba cumpliendo una comisión en la decanatura, ya que está vinculado a la universidad como profesor de planta, más no -estrictamente- bajo la figura de libre nombramiento y remoción, lo que hace intuir que no se afectó, así lo dijo Meza, la establidad laboral del funcionario al momento de ser retirado del cargo de decano. Sin embargo, el verdadero espíritu de la norma busca proteger un hecho concreto: la escogencia y permanecia democrática del directivo en el CSU.

De manera que Meza no tenía la facultad de remover del cargo al ex decano, a menos que lo trasladara o reubicara en otro puesto del mismo nivel, pues Maestre tenía un “fuero especial” por ser el representante de las Directivas Académicas. Este es un nuevo embrollo legal que sufre la UPC, cuyo destino parece ser el desorden, la anarquía. El rector está haciéndole honor a su franqueza celestial, está llevando a cabo su principal objetivo: enredar los procesos y espacios democráticos que tiene la universidad, para acumular un capital burocrático que le permita cumplir con sus obligaciones políticas.

El proposito de este texto no es defender de forma ciega y estupida a nadie, sino esbozar -precisamente- la inconformidad que despierta la jauría de politiqueros que está carcomiendo con su codicia, su apatía y su inagotable sed de venganza a la universidad, que requiere de guías que tengan un autentico espíritu académico y científico. Así es: la UPC sufre un caos jurídico al estilo de El proceso Kafka.

Twitter: ccsilva86

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El espejo de las frustraciones

Después de haber terminado con el conflicto armado, a través de un acuerdo de paz que cautivó al Comité Nobel Noruego, el país está divagando en un laberinto de infortunios: se atrancó el crecimiento económico, las desigualdades sociales no dejan de aumentar, el crimen luce imparable, la justicia está politizada y los partidos políticos son unas sectas en donde reina la mediocridad, la corrupción y el enojo.

El ego transformó una esperanza en un desconcierto. Hoy los líderes políticos usan la estigmatización y el miedo como sus principales armas. Sus discursos solo buscan destruir al otro, no hay consenso. Para ellos solo existen dos posibilidades: estás en la derecha o estás en la izquierda. No valoran la diversidad de ideologías, de sueños. Están coartando la capacidad crítica, pues muchas personas temen ser encasilladas en algo que no son, así que prefieren guardar silencio.

La sensatez perdió valor, ahora las emociones y las mentiras nutren el debate público. Los actores políticos siempre están buscando revolver el río para pescar el poder, para alimentar su “yo”. La extrema derecha considera a todo adversario, así sea alguien moderado, un comunista empedernido. Además, convirtió a la guerrilla, ya desmovilizada y transformada en partido político, en un símbolo para intimidar y encasillar a sus otros rivales. No querían tener un competidor elegible, pero al final lo único que consiguieron fue fortalecer al otro extremo.

Al comenzar la implementación del acuerdo de paz, la derecha usó la injuria y la calumnia para vencer al centro. Sí, insistió en la idea de seguir metiendo miedo con el comunismo, logrando deslucir a los moderados y fortalecer a los radicales (a ellos y a los del otro lado). Así que sobrevino un efecto mariposa: ¡el anticomunismo solo sirvió para conducir a los ex guerrilleros a la presidencia! Ahora el país vive su propia patria boba, la venganza política es el pan de cada día, las injusticias sociales arrasan con las esperanzas y las pandillas dominan amplios territorios.

No, no estoy hablando de Colombia, sino de El Salvador, que veinticinco años después de haber culminado con una dolorosa guerra civil (a través de los Acuerdos de Chapultepec), hoy está sudando odio, avaricia, crimen, pobreza y hambre. Miren, el enfrentamiento intenso entre los partidos ARENA (derecha) y FMLN (ex guerrilla), hizo que los movimientos de centro perdieran adeptos, opción de poder. De manera que ahora el equilibrio y la prudencia no tienen vigor, mientras que el radicalismo es el fuego de moda, el lenguaje que se utiliza para neutralizar a los otros.

Claro, Colombia está corriendo el mismo riesgo que El Salvador, una derecha radical está desprestigiando a los moderados, haciéndolos ver como candidatos de las Farc: blanco o negro, amor u odio. Hay que abrir los ojos, este país no va hacia la venezolanización, sino hacia la salvadoreñización. El pueblo tiene que comenzar a mirar más hacia el centro (el auténtico centro), ya que los extremos, aunque tienen derecho a jugar, están empeñados en incendiar al país con una narrativa repleta de rencor, de mentira.

Nota: Escribí este artículo a partir del ensayo Del miedo a la ingobernabilidad: La salvadoreñización de Colombia, cuyo autor es Joaquín Villalobos. El análisis fue publicado en agosto DE 2017 con el apoyo de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

@ccsilva86

Por Carlos César Silva

 

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Borrachera de vanidad

Por: Hernán Araujo Ariza

En un panel en el que participé hace unas semanas con Imelda Daza (hoy candidata vicepresidencial de las Farc), me atreví a sugerirle que lo mejor era que en estos momentos, los exjefes de las Farc (Timochenko, Márquez, Santrich y demás) dieran un paso al costado para liderar la difícil etapa de implementación que aún tenemos por delante. Para acompañar proyectos productivos, encabezar los procesos de verdad ante la JEP, coordinar las labores de reparación a las víctimas y tratar de mantener a los excombatientes cohesionados para que no fueran a engrosar las filas de las disidencias.

En consecuencia, el espacio de las listas para aspirar a Congreso debía ser ocupado por personas del movimiento, no muy cuestionadas (que las hay) y personajes civiles afines a su movimiento (que también los hay).

La propuesta proponía que esos líderes cuestionados de hoy, luego de cuatro años apostando por la reconciliación fuera de cámaras y protagonismos, con muchas heridas del conflicto ya curadas, y con parte de los odios calmados, pudieran, ahí sí, tener la oportunidad de aspirar. Al fin y al cabo, el acuerdo firmado habla de dos periodos de curules garantizadas en el Congreso.

Y debo reconocer que yo guardaba la esperanza que por fin la sensatez imperaría entre ellos, aspiraba a percibir las muestras de humildad que nunca han tenido, y anhelaba ver señales de querer sintonizarse con un país que no los quiere. Oh ingenuidad la mía. Cuando supe los nombres que anunciaron como candidatos confirmé que lo que prima entre los líderes de las Farc es la soberbia de siempre, y una extraña -pero muy marcada- vanidad.

¿Será que se alcanzaron a imaginar el rechazo que los anuncios de sus candidatos despertarían en la gente? ¿Será que en serio creen que tienen opción de poner presidente en un momento de polarización como el que vive Colombia hoy? ¿Habrán dimensionado que, con anuncios como los de esta semana, aumentan la probabilidad de que el próximo presidente venga de la derecha?

Las respuestas a estas preguntas me inquietan, pues me resisto a creer que se pueda ser tan torpe en política. ¿O será que la torpeza les alcanza para creerse el cuento que su aspiración presidencial despertará a las siempre tranquilas masas del abstencionismo, y que allí están los votos que les hacen falta?

En todo caso, creo que con el fragor de la derrota que seguro sufrirán en las urnas en marzo y mayo próximos, por fin entenderán, que la soberbia y el narcisismo no son las mejores armas para aprovechar la oportunidad que la historia y el país hoy les brinda. Sólo entonces serán conscientes del error en el que cayeron por culpa de la borrachera de vanidad en la que se embebieron.

ÚLTIMA PALABRA: Pese a lo anterior, sigo convencido que el acuerdo de paz, era el camino más propicio para ponerle fin a las Farc como guerrilla. Ahora en política será mucho más fácil y menos costoso -en términos económicos y de vidas humanas- derrotarlos.

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UPC: ¿Rector sin corrector?

Por José Luis Bustos

En la Universidad Popular del Cesar, nuestra única casa de estudios de carácter público y de categoría nacional, están pasando cosas y no son buenas.

Hace algo así como un mes, el rector fue removido de su cargo por sentencia judicial y tomó posesión un nuevo miembro de la comunidad universitaria, quién desde ese mismo momento empezó a dar muestras claras  de que lo único predecible en esta nueva administración será justamente lo imprevisto, la declaración intempestiva y las decisiones  atrabiliarias.

De entrada, el nuevo rector anunció sin sonrojarse que se había valido de contactos políticos para llegar a la rectoría, concretamente con la casa Gnecco y el partido de la U. Esa declaración dejó un sinsabor en el ambiente, porque lo último que se espera de una casa de estudios es precisamente que se ponga al servicio de los políticos, ya que su función natural es producir conocimientos, no servir de estanque electoral para la pesca de votos. Aquí el rector se puso en evidencia muy a su estilo: De frente.

El nuevo rector, al dar esas desafortunadas declaraciones dejó muy claro que no llegó a la rectoría por servicios prestados a la Casa de Estudios, sino para prestar servicios a la Casa Gnecco y al Partido de la U. Ni más ni menos…

De inmediato,  despide al jefe de planeación de la universidad, y no es que no pueda trabajar con personas de su confianza, sino que la sacada del funcionario fue completamente irregular, porque viola los estatutos de la misma universidad que establecen que ese y otros cargos de responsabilidad deben ser promovidos o removidos previo concepto del Consejo Superior y eso, simplemente no se hizo.

En psicopatología para establecer la esquizofrenia, se observa como característica la Conducta Bizarra que es aquella que se emite sin cálculo de consecuencias, concepto completamente aplicable a la administración pública: si un administrador toma decisiones unilaterales e inopinadas, debe tener claro que eso tendrá consecuencias, negativas o positivas, pero de que las tendrá, las tendrá y en la UPC ha habido una seguidilla de rectores que terminan haciéndola perder pleitos por cuenta de estas arbitrariedades que suman hasta hoy más de $14 mil millones y después son demandados por la misma en acción de repetición, palabra interesante que revisaremos más adelante, pero que nunca le pagan a la universidad…

¿Puede alguien  ser el representante legal de una empresa que lo tiene bajo demanda? ¿Me demando, me defiendo, me absuelvo y/o me condeno?

Eso no es serio, pero esto es Valledupar y aquí cualquier cosa parece posible…

Y sí, lo fue.

Entre las cosas más bizarras de esta nueva era es que el rector designado está demandado por la misma universidad por acción de repetición (Ver copia del radicado) en el Cesar nadamos en el surrealismo. En el concepto del Procurador delegado ante la Corte Suprema, el hombre expresa su asombro porque el representante legal de la UPC es el demandante, y el demandado es al tiempo, el mismísimo rector, su representante legal. Alucinante.

El nuevo rector de manera sorpresiva, declaró tajantemente el siniestro de un contrato que se celebraría con una empresa local, sin un átimo de intención conciliadora.

Pues bien: Siniestrar un contrato implica para el contratista una serie de consecuencias que van desde lo disciplinario hasta lo penal, pasando por lo fiscal.

¿Que se hizo mal, aparte de absolutamente todo?

Para empezar, hay que decir que un siniestro debe pasar por la notificación de las partes y  aunque la disposición normativa establece que la notificación de su incumplimiento al entender por interesado solamente al contratista, no puede olvidarse que el Asegurador está íntimamente relacionado a las obligaciones que afianza, y especialmente a sus consecuencias jurídicas y económicas… A este asegurador ni por las redes le avisaron, y  todo esto rinde mérito ejecutivo.

De modo que la cosa arrancó mal, muy mal…

Cuando a una empresa le declaran el siniestro, esa declaración es también su acta de defunción, así que actuaciones como esta deben tomarse con la cabeza muy fría y calculando muy bien las consecuencias de la acción; hacer otra cosa es entrar en la locura administrativa. Desde luego, esa empresa va a demandar, va a ganar el pleito y eso le costará muchísimos millones a la universidad, es decir, a todos nosotros…

Hay más: la siniestrada es una empresa vallenata que tiene más de 24  años de existencia, que nunca ha sido investigada ni siquiera preliminarmente y este acto de siniestro conlleva la quiebra financiera de un empresario vallenato, que entre otras cosas ha dado El primer empleo a unos 85 egresados de la UPC  y que cuenta en su nómina actual  7 profesionales egresados de la misma: en otras palabras se le asestó una puñalada mortal a una empresa aliada de  la universidad, y no se está hablando de 20 pesos sino de un contrato de más de $700 millones…

La ley 30 le da funciones al Consejo Superior, que a su vez, delega un rector y le asigna sus funciones, así las cosas, el rector es un contenido y el CSU es su continente. Este rector invirtió el orden natural de las cosas y por la vía de remoción del cargo de decano que ocupaba, tumbó la silla del representante de los administrativos, que llegó allí por votos,  para promover al que le seguía en la lista. Bueno, eso tampoco lo podía hacer pero él lo hizo: Otro pleito que la UPC va a perder.

Hasta aquí solo van 4 perlas conocidas, pero en la UPC están pasando muchas cosas y las consecuencias van a ser penales, disciplinarias y fiscales. Vendrá un aguacero de demandas y la universidad las va a perder todas: ¿Cómo se hace un siniestro a partir de un concepto jurídico espurio?  Pareciera que el carné de abogado de quién asesoró esta decisión fuese una bandera pirata navegando en los mares del derecho, porque el argumento central es que la empresa no se acercó a firmar el contrato, que entre otras cosas ni siquiera parece haber sido impreso. Como si fuera poco, para el caso de la universidad esto es de locos: Entiendo que solo las entidades territoriales y las empresas que se rigen por la ley 80 pueden siniestrar un contrato: de ser así, la UPC  que se rige por la ley 30, no solo no debía, era que tampoco podía hacerlo.

El tinte de arbitrariedades que están sucediendo al interior de la universidad me hizo recordar el caso de Incitatus,   el caballo favorito de Calígula cuyo amor por su equino fue tan demencial, que no dudó en nombrarlo cónsul  de Roma, aunque Suetonio dice que quizá no fue la demencia la que lo llevó a tal exceso, sino la ironía que denotaría para la historia el desprecio de Calígula hacia las instituciones públicas del Imperio[1].

Así las cosas, la UPC pareciera estar hoy en las manos de alguien que o no hace cálculo de consecuencias para sus actos administrativos o es una persona que siente como el emperador de Roma un sarcástico desprecio hacia la institución y sus estatutos.              

La universidad va de nuevo camino a la intervención por parte del estado, no olvidemos que así la recibió el rector saliente, que aunque me parece un hombre muy tibio para las decisiones de fondo, por lo menos administró de tal manera que recuperó la autonomía de la UPC. Y ya casi que es deseable que esa intervención llegue nuevamente, porque lo que más le reconozco al rector saliente es que mantuvo la universidad fuera del alcance de la voracidad de los políticos, lo que a la larga le costó el puesto…

…Y lo que más me aterra del actual es que desde su misma posesión, se las puso a sus pies con un jugoso número que atrae más que su propio presupuesto: Más de 20.000 estudiantes, un verdadero estanque electoral.

De cualquier forma, ojalá no se le dé por nombrar de vicerrector académico a su equino favorito.

 

Twitter: @jlreales



[1] Suetonio. Las vidas de los doce césares, Calígula LV.

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