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Carlos César Silva (11)

Valledupar: ¿Distrito naranja?

Por Carlos César Silva.

El pasado 15 de junio, durante un conversatorio que se realizó en la Universidad del Área Andina, sede Valledupar, al cual asistieron académicos, políticos y empresarios de la región, surgió la iniciativa de convertir a la capital del Cesar en un distrito o en una ciudad naranja, utilizando a la música vallenata como un imán para consolidar este propósito.

De antemano la idea me parece formidable, pero creo que es oportuno hacer algunas precisiones y sugerencias. Comienzo afirmando que el tramite para transformar a Valledupar en un distrito, no solo puede resultar complicado y tedioso, sino también contraproducente, pues la administración municipal tendría que asumir unas obligaciones estructurales y financieras que tal vez no está preparada para cumplir. El escenario es sencillo: se crea una categoría especial y la burocracia aumenta, pero el presupuesto sigue igual.

En efecto, me resulta más sensato el otro camino que se planteó en el mismo foro: la inclusión de un artículo en el Plan de Desarrollo del gobierno de Iván Duque, que permita transformar a Valledupar en un piloto de ciudad naranja. Esto no solo requiere menos tramites, sino que es menos riesgoso para la administración. Sin embargo, pienso que el proyecto no debe limitarse al concepto de economía naranja que crearon Felipe Buitrago e Iván Duque.

Por otro lado, debo expresar que Valledupar no solo es música vallenata. Aunque existen unos datos que demuestran cómo el folclor de Rafael Escalona y Leandro Díaz, impacta de manera positiva en la economía local, sería un error seguir mostrándonos ante Colombia y el mundo como una ciudad que solo produce vallenatos, cuando realmente tenemos otros atributos muy valiosos para mostrar: Casa Arte (pintura), Walter Arland (escultura), Maderos Teatro (teatro), Nina Marín (cine), Alonso Sánchez Baute (literatura), Alejandra González (fotografía), Darío Valencia (moda), Típicos Eloy (gastronomía), Editorial Terrear (editorial)…

Por supuesto, el vallenato es nuestro atractivo principal, pero hay que acompañarlo con otras iniciativas culturales y artísticas que permitan diversificar más este proyecto. Además, debemos aprovechar al máximo nuestras riquezas naturales, pues tenemos el potencial para afianzarnos como un foco de turismo sostenible: el río Guatapurí, el balneario La Mina, la Sierra Nevada, los relucientes cañaguates, la variedad de aves…

De manera que propongo ampliar más el ámbito de acción: no reduzcamos a Valledupar solo al concepto de economía naranja, sino que más bien trabajemos por la armonización de la cultura, el turismo y el medio ambiente. Esto hay que consolidarlo como un objetivo colectivo que vincule al sector público, a las empresas privadas, a la academia y a la sociedad civil. Se trata de tener un horizonte como municipio, de hacer un acuerdo sobre algo básico.

Para flaquear el desempleo rampante que produce hambre, frustraciones y crímenes, Valledupar no puede continuar con una economía reducida a la ganadería, a la agricultura y a la minería, sino que debe consolidarse como una ciudad cultural, turística y ecológica. Esto produciría un crecimiento económico alrededor de los hoteles, los restaurantes, los bares, los monumentos, las artesanías, las casas museo, el ecoturismo, el transporte urbano… No, no se trata de una simple comercialización de la cultura y la geografía, la idea es dignificar la creatividad de los valduparenses generando unas formas de vida sostenible.

Twitter: @ccsilva86

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El juego de las obstinaciones

Sobre la perversidad electoral

El 27 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales. Según las distintas encuestas, habrá segunda vuelta. Duque y Petro son los favoritos para disputar esa fase definitiva. Por supuesto, será un enfrentamiento fulminante entre dos extremos políticos: Derecha VS Izquierda. Desde ahora se vislumbra un panorama agobiante: la polarización se profundizará, los estigmas terminarán de deshumanizar el debate democrático y el miedo se afianzará como el argumento más poderoso.

Duque, llevado de la mano por Uribe, su mentor, aglutinaría a la elite política y empresarial del país. Petro, a pesar de su soberbia, consolidaría a su alrededor a los diferentes sectores alternativos: a los Verdes, al Polo y a una fracción del Partido Liberal que apoya con ahínco el proceso de paz. En ese último tramo hacia la Casa de Nariño, Duque tendría cierta ventaja sobre Petro porque contaría con el auspicio casi absoluto de aquellos que siempre han manejado el poder burocrático, electoral y económico en Colombia.

Para equilibrar la balanza en la segunda vuelta, Petro tendría que matizar su discurso de confrontación social, aproximarse al sector empresarial con un mensaje de tranquilidad y despegarse de su actitud mesiánica, caudillista: la democracia no exige redentores, sino que necesita ciudadanos responsables. El fervor popular que Petro ha inspirado, resultaría insuficiente para llegar a la presidencia. Si él de verdad quiere derrotar al discípulo de Uribe, tiene que liderar una concertación política que incluya a un sector progresista de la derecha y a algunos empresarios.

Aunque hoy no parezca así, Santos podría tener una significativa capacidad de juego en la segunda vuelta. Con el escaso poder burocrático que todavía tiene y la fidelidad de cierto segmento de la U, el saliente presidente podría aportar la carta que nivele o incline la balanza. De él, que es un príncipe maquiavélico del Siglo XXI, puede esperarse cualquier cosa: su apoyo a Duque o a Petro. Sin embargo, parece que le convendría más darle un espaldarazo al candidato de la Colombia Humana, pues su pelea con Uribe es inmarcesible. Además, necesita salvaguardar el acuerdo de paz con las Farc, que es su máximo legado.

Ahora bien, más allá de lo inevitable que parece el escenario final de Duque VS Petro, resulta oportuno señalar que las encuestas podrían ser rotas, tal como ha sucedido recientemente en otros certámenes electorales: el Brexit en Reino Unido,Donald Trump en Estados Unidos y el Plebiscito en Colombia. De modo que no hay que descartar las sorpresas, el sufragio tiene unas dimensiones complejas que hace de las elecciones un evento impredecible, enigmático.

Dos factores harían que los pronósticos de las encuestas fracasen. En primer lugar, el voto espontaneo, que se divide en dos: los indecisos que definen por quién votar la última semana y los silenciosos que no quieren o les avergüenza manifestar por quién votarán. Se trata de un sufragio que discurre entre la razón y la emoción, que no tiene un compromiso partidista. Podría beneficiar a los candidatos que más mueven las pasiones y la opinión pública: Duque, Petro e incluso Fajardo, que está más bien en la línea de la cordura (o la tibieza).

Cualquiera de ellos podría aumentar el porcentaje de sus votos de una forma sorpresiva, rompiendo así los sondeos que se realizarán antes de la primera vuelta. Por ejemplo, Duque podría quedar tan próximo al 50% de los votos, que su victoria en la carrera final sería inevitable. Petro podría quedar tan cerca de Duque (cuidado hasta por encima), que aumentaría el entusiasmo popular y haría menos incierta su opción de llegar al máximo cargo del Estado. Si Fajardo consigue vigorizar el animo de quienes no quieren a Duque, ni a Petro, ni a Santos, podría meterse a la disputa por un cupo a la siguiente etapa.

En segundo lugar, está el voto de las maquinarias. Aunque no es mentira que el pupilo de Uribe cuenta con el apoyo de varios caciques, Vargas Lleras, el hombre de Santos, sería quien podría dar la sorpresa a través de las empresas electorales de los gamonales que son fieles a su campaña. Según las encuestas, Vargas Lleras no pasa del 10%, o sea que sacaría menos de 1.500.000 de votos. Si Vargas Lleras aceita las maquinarias y saca más de 3 millones de votos, rompe las encuestas, así no alcance un cupo para la segunda vuelta. Su caso resulta curioso, hoy parece un candidato inviable, pero con tal que pase a la fase final contra Duque, su favoritismo sería imparable, pues agruparía a un sector de la derecha, a la mayoría del centro y a la izquierda que teme que Uribe vuelva al poder.

Aunque es un contexto poco factible, una segunda vuelta entre Vargas Lleras y Petro, sería casi igual que entre Petro y Duque: eso sí, Santos le ganaría la partida de antemano a Uribe. Por otra parte, De La Calle está como aquel equipo de futbol que queda eliminado anticipadamente y tiene la obligación de jugar el último partido para no recibir una sanción.

Sobre el porvenir de Colombia.

Ante esa mecánica perversa que carcome los principios nobles de la política (el llamado “deber ser”), la ciudadanía tiene que reaccionar democráticamente. Hay que salir a votar el próximo 27 de mayo con sensatez, entusiasmo y tranquilidad. El abstencionismo no puede volver a triunfar: el 53% de los colombianos no acudieron a las urnas en las pasadas elecciones al Congreso. Así como el voto es un derecho, también es un deber que el pueblo tiene con sus instituciones, sus recursos públicos y su porvenir.

Antes de marcar el tarjetón, hay que reflexionar sobre el futuro de Colombia, las propuestas de cada uno de los candidatos y la necesidad de hacer realidad unos conceptos fundamentales que están en la Constitución de 1991:

  1. Materialización del Estado Social y Democrático de Derecho, que es una formula política que le da primacía al bienestar del ser humano (Art. 1).
  2. Promoción del libre mercado bajo la supervisión del Estado (Art. 334).
  3. Respeto a la propiedad privada, comprendiendo que es un derecho que tiene una función social y ecológica (Art. 58).
  4. Humanización del servicio de salud (Art. 49).
  5. Garantizar el derecho a un medio ambiente sano y la participación de la comunidad en las decisiones que puedan afectarlo (Art. 79).
  6. La educación como un motor de transformación social (Art. 67).
  7. Rotación en el poder para evitar los caudillismos. El próximo presidente gobernará por cuatro años, se acabó la reelección (Art. 197).
  8. La libertad de expresión como fuente de desarrollo individual y colectivo (Art. 20).  
  9. La paz como un derecho, un deber ciudadano y un propósito del Estado (Art. 22).
  10. Protección de la diversidad étnica y cultural de la nación (Art. 7).

Finalmente, hay que examinar con cuidado los intereses que cada candidato representa. Todos hacen parte de un juego de obstinaciones. Nada les interesa más que su ego, que su propia historia. Su codicia es superior al afecto que dicen sentir por Colombia. Al fin y al cabo, así son todos los políticos. Por eso resulta necesario sospechar de ellos, no idolatrarlos, ni endiosarlos. No olviden, la duda conduce a la certeza, así que el voto debe ser un acto de libertad y de conciencia crítica.

Bonus Track: Se necesita reformar ciertos aspectos de la parte orgánica de la Carta Política para robustecer el sistema de pesos y contrapesos: un presidente menos poderoso, un Congreso más independiente y una justicia eficiente, rápida y despolitizada.  

Twitter: @ccsilva86

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Los días de opinión

Por Carlos César Silva.

Para escribir una columna semanal, se necesita perseverancia, creatividad y malicia indígena: observar con suspicacia la realidad. Además, hay que comprender que la celeridad es enemiga del rigor: el verdadero desafío que tiene un columnista no es soltar opiniones a cada rato, sino encontrar un equilibrio entre el tiempo para entregar el texto, el contenido y la forma de transmitir el mensaje.

Durante dos años, usé este espacio para expresar mi visión sobre el país, el Cesar y Valledupar. Más allá de los errores que pude haber cometido, siempre traté de ser sincero con los lectores y con mi filosofía de vida: no, no me gusta dormir con el fantasma de la angustia y la mentira susurrándome al oído. Sé que la opinión es un oficio que se funda en la subjetividad y la franqueza. Aunque quise ser ecuánime y responsable, no dejé a un lado la irreverencia.

Exploré varias formas literarias: el ensayo, la crónica, la entrevista, el diálogo y la reseña. Mis temas fueron diversos, específicos y constantes. Escribí sobre cine, literatura y personajes dramáticos. Esas eran las columnas que más dificultades me producían, pero las trabajé con mucho fervor, sentía que caminaba por mi verdadero laberinto. También hablé sobre derecho, ahí mi intención era puramente académica y didáctica. Ahora pienso que eran artículos dedicados a mis estudiantes: quizás fui algo egoísta con los demás lectores.

Aunque los escribía con una seguridad y una dedicación portentosas, admito que mis escritos sobre política eran los que menos me gustaban. Claro, quienes me conocen saben que me apasiona el debate de ideas, pero nunca pretendí usar mis columnas para convertirme en eso que llaman: “líder de opinión”, pues solo buscaba expresar mis pensamientos y mis sentimientos. Amigos, realmente solo anhelo ser un forjador de historias, un inventor de tiempos, espacios y personajes.

Luego de varios días de reflexión, tomé la decisiónde retirarmede la opinión semanal. Asuntos profesionales, académicos y, sobre todo, literarios, me conducen a hacerlo. Lastimosamente, el tiempo no alcanza para tanto. Amigos, ahora pienso escribir más, me voy a dedicar de forma exclusiva a la crónica, a la reseña, al cuento y algún día aspiro arribar a la novela: el género de Albert Camus, Thomas Pynchon y Milan Kundera. Para esto necesito más serenidad, más calma.

Bueno, si lo permiten los medios que me han apoyado, seguiré colaborando mensual o bimensualmente, a través de crónicas sobre personajes que me resulten impactantes y reseñas sobre libros y películas. Gracias infinitas a mis tres casas: El Pilón (Ana María Ferrer), Cacica Stereo (Andrés Molina Araújo) y Panorama Cultural (Johari Gautier). Gracias a quienes leyeron mis columnas y, en especial, a quienes las criticaron, ya que me condujeron a la reflexión, al autoanálisis. Amigos, para un intento de escritor como yo resulta más trascedente la crítica que el elogio, aunque a veces en público o en privado me las tire de terco.

Un abrazo literario lleno de nostalgia.

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Apuntes sobre la JEP: del debate a la restauración

Por Carlos César Silva

1. Introducción.

Sin duda alguna, el componente más polémico del Acuerdo de La Habana es la Jurisdicción Especial para la Paz, pues desde el punto de vista jurídico y político, ha generado unas discusiones constructivas, pero también tramposas y viscerales: la incertidumbre ha eclipsado a la confianza. Aunque se trata de un tema complejo, ha absorbido la atención de muchos colombianos del común. Claro, hablar sobre la forma como serán juzgados quienes cometieron crímenes atroces, durante más de cincuenta años de conflicto armado, aviva sufrimientos, pasiones y odios.

Precisamente, el objetivo fundamental de este artículo es exponer la esencia restauradora de la JEP, pero también presentar algunas dudas que existen entorno a su implementación. En efecto, a continuación, se abordarán los siguientes puntos: el modelo de justicia de la JEP, los casos que conocerá, los tipos de sanciones que impondrá y los ajustes que le hizo la Corte Constitucional.      

2. El modelo de justicia.

La JEP se fundamenta en dos modelos de justicia que han sido reconocidos y desarrollados por la doctrina penal: restaurativa y retributiva. La primera pretende, esencialmente, que los victimarios reparen el daño que ocasionaron a las víctimas: resarcir es más importante que castigar (penas propias y alternativas). La segunda tiene como objetivo primordial imponer un castigo: se preocupa más por la sanción del victimario que por reparar a las víctimas (penas ordinarias).

A partir de estos dos modelos de justicia, la JEP expone unos elementos que buscan contrarrestar a la impunidad: verdad, reparación a las víctimas, garantías de no repetición, declaración judicial de responsabilidad, sanciones concretas y no hay amnistías ni indultos para quienes cometieron delitos de lesa humanidad. De modo que, aunque un amplio sector del país quiere penas más severas para quienes eran miembros de las FARC-EP, la JEP fue diseñada bajo los parámetros de la doctrina penal y del derecho internacional.

3. La competencia.

La JEP tendrá competencia respecto de conductas cometidas en el contexto del conflicto armado, antes de la firma del Acuerdo. Se ocupará básicamente de los delitos no amnistiables ni indultables, como los de lesa humanidad: el genocidio, la toma de rehenes, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada, el acceso carnal violento, la sustracción de menores y el desplazamiento forzado.

Ante la JEP acudirán los desmovilizados de las FARC-EP y los miembros de la fuerza pública (Policía y Ejército) que cometieron delitos de lesa humanidad en el marco del conflicto. Los civiles (empresarios) y los agentes del Estado no miembros de la fuerza pública (gobernadores, alcaldes, concejales, diputados), solo asistirán a esta instancia voluntariamente. Asimismo, se respetará el fuero constitucional del Presidente o de los expresidentes de la República, cualquier información que surja en contra de ellos se remitirá a la Comisión de Acusaciones del Congreso.

Dada la naturaleza transicional de la JEP, la prórroga para su existencia solo podrá realizarse por una vez (por 5 años), así que su vigencia no será superior a 20 años.

4. Las sanciones.

Cuando se plantea un modelo de justicia con penas precisas no es correcto hablar de impunidad. En el caso de la JEP, hay tres tipos de sanciones que buscan garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición. Primero están las propias: se impondrán a quienes acepten verdad exhaustiva, detallada y plena ante la Sala de Reconocimiento. Tienen una función reparadora, englobarán restricciones efectivas de la libertad de residencia y movimiento de 5 a 8 años (no cárcel), condiciones que tendrán supervisión.

Luego están las sanciones alternativas: se impondrán a quienes reconozcan verdad y responsabilidad en la Sección de Primera Instancia. Mejor dicho, aplicarán para quienes no digan la verdad en la Sala de Reconocimiento: estipulan una pena de cárcel de 5 a 8 años. Finalmente, están las ordinarias: se aplicarán a quienes no reconozcan responsabilidad durante el proceso: tendrán las funciones establecidas en el Código Penal y las penas serán de 15 a 20 años de cárcel.

De manera que las penas propias y las alternativas son una expresión de la justicia restaurativa, mientras que las ordinarias son una manifestación de la justicia retributiva. En este sistema mixto se premiará la verdad, quien se rehúse a confesar sus crímenes, podrá ir a la cárcel, sí, recibirá una condena hasta de 20 años.

5. Ajustes de la Corte Constitucional.

El pasado 17 de noviembre la Corte Constitucional se pronunció sobre el Acto Legislativo 01 de 2017 -que creó la JEP-, declarándolo exequible con excepción de ciertos apartes normativos. La Corte determinó, entre otros asuntos, lo siguiente:

  • Sobre los delitos de ejecución permanente, cuando la JEP determine que se han incumplido las condiciones propias del sistema, el proceso será remitido a la jurisdicción ordinaria.
  • Se respetará el fuero especial del Presidente o de los expresidentes.
  • La Procuraduría podrá participar con autonomía en las audiencias de la JEP.
  • La Corte conocerá sobre las tutelas contra las sentencias de la JEP.
  • Los terceros civiles (empresarios), no serán obligados a concurrir a la

JEP, sino que lo harán de manera voluntaria, al igual que los agentes del Estado que no sean combatientes (gobernadores, alcaldes). 

  • Los ex guerrilleros de las FARC-EP podrán aspirar a cargos públicos, pero tendrán que presentarse ante la JEP y cumplir con el régimen de condicionalidades: dejación de las armas, aportar la verdad, garantizar la no repetición y reparación. Esto será de forma simultánea, no habrá inhabilidades.
  • Basado en el régimen de sanciones (propias, alternativas, ordinarias), la JEP determinará la compatibilidad con la participación en política: será posible, en principio, cumplir la sanción y hacer política al mismo tiempo. No obstante, por ejemplo, los ex integrantes de las FARC-EP que reciban penas alternativas y ordinarias, como estarán recluidos en un centro penitenciario, no podrán seguir participando en los espacios democráticos.

6. Participación en política.

Lo más justo es que los desmovilizados de las FARC-EP rindan cuentas a la JEP, antes de postularse a cargos públicos. Sin embargo, la naturaleza política del Acuerdo de La Habana consagra que podrán hacer las dos cosas al mismo tiempo, al menos en principio. En ese sentido, la Corte señaló en su fallo -como se dijo- que no habrá inhabilidades, pero que podrán surgir incompatibilidades al momento que se impongan las sanciones (alternativas y ordinarias). Es decir, los ex miembros de las FARC-EP pueden recibir condenas que les impida seguir haciendo política, una vez entren al juego democrático.

7. Conclusiones.

Sí, la JEP ha recibido muchas críticas: los ex guerrilleros merecen penas más severas, no es justo que Timochenko pueda aspirar a la presidencia antes de pasar por la JEP, a los miembros de la fuerza pública debe juzgarlo un organismo distinto,  la responsabilidad del mando resulta incompatible con el derecho internacional, los magistrados tienen sesgo ideológico, es una justicia creada por la FARC-EP.

Aun así, razón tiene el profesor Rodrigo Uprimny cuando señala: “Está claro que el acuerdo de la JEP dista de ser perfecto, pero ninguna justicia transicional lo es, pues en condiciones muy difíciles busca una armonización difícil, casi imposible, entre los imperativos de la justicia y las necesidades de la paz negociada”. Más allá de cualquier controversia, la JEP tiene unos puntos cardinales definidos, que incluso fueron mejorados por la Corte Constitucional: satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia, ofrecer verdad a la sociedad colombiana, contribuir a la reparación de las víctimas, luchar contra la impunidad a través de sanciones concretas y conseguir una paz estable y duradera. 

El fallo de la Corte llenó vacíos y resolvió dudas, es hora de pasar del debate a la restauración. 

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Un caos al estilo Kafka

Por Carlos César Silva

Sí, la UPC huele a caos. Su inestabilidad jurídica está produciendo una crisis directiva y económica. El Consejo de Estado hace poco anuló la elección de Carlos Oñate como rector, Enrique Meza, su remplazo, ya está tambaleando gracias a una acción de repetición y el presupuesto tiene una vena rota: las millonarias demandas laborales por despidos injutificados. La desidia, la indolencia y la arbitrariedad están  ahorcando al alma mater. Duele admitirlo, pero es la realidad: las cosas van de mal en peor.  

Hace unos días se presentó una controversia jurídica -a su vez política- que puede acarrearle a la UPC nuevos prejuicios administrativos y tal vez financieros. A través de la Resolución 2783 del 24 de octubre de 2017, Enrique Meza terminó con la comisión que Jaime Maestre desempeñaba en el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Básicas y de Educación. En consecuencia, Maestre -por una orden del mismo Meza- no siguió fungiendo como representante de las Directivas Académicas ante el Consejo Superior Universitario.

El rector cimentó su decisión conforme a lo establecido en el Acuerdo 023 de 2014, que manifiesta que los empleos del nivel directivo son de libre nombramiento y remoción. Sin embargo, Maestre -como se dijo- era también representante de las Directivas Académicas en el CSU y en el acuerdo 011 de 2005 se limita la capacidad de desvinculación que tiene el rector para estos casos, reservándole únicamente la facultad de trasladar o reubicar al funcionario dentro de las Directivas Académicas: se trata de una especie de “fuero especial”.

No obstante, Meza, en las consideraciones de la Resolución 2783, indicó que el Acuerdo 023, derogó los acuerdos 011 del 2005 y 014 de 2009 (este último dice que el “fuero” solo aplica para el titular de la representación, no para los suplentes), lo cual no tiene fundamento jurídico. Del contenido del Acuerdo 023, no se evidencia una derogatoria expresa, pues no es incompatible con los acuerdos 011 y 014, toda vez que no regula las mismas materias: aquel no comprende de manera integral la composición, elección y permanencia de los integrantes del CSU, así que no puede dejar sin efectos las normas sobre el particular.

Por otro lado, Maestre estaba cumpliendo una comisión en la decanatura, ya que está vinculado a la universidad como profesor de planta, más no -estrictamente- bajo la figura de libre nombramiento y remoción, lo que hace intuir que no se afectó, así lo dijo Meza, la establidad laboral del funcionario al momento de ser retirado del cargo de decano. Sin embargo, el verdadero espíritu de la norma busca proteger un hecho concreto: la escogencia y permanecia democrática del directivo en el CSU.

De manera que Meza no tenía la facultad de remover del cargo al ex decano, a menos que lo trasladara o reubicara en otro puesto del mismo nivel, pues Maestre tenía un “fuero especial” por ser el representante de las Directivas Académicas. Este es un nuevo embrollo legal que sufre la UPC, cuyo destino parece ser el desorden, la anarquía. El rector está haciéndole honor a su franqueza celestial, está llevando a cabo su principal objetivo: enredar los procesos y espacios democráticos que tiene la universidad, para acumular un capital burocrático que le permita cumplir con sus obligaciones políticas.

El proposito de este texto no es defender de forma ciega y estupida a nadie, sino esbozar -precisamente- la inconformidad que despierta la jauría de politiqueros que está carcomiendo con su codicia, su apatía y su inagotable sed de venganza a la universidad, que requiere de guías que tengan un autentico espíritu académico y científico. Así es: la UPC sufre un caos jurídico al estilo de El proceso Kafka.

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La cizaña de Herbin Hoyos

Por Carlos César Silva.

El pasado 24 de octubre, nació en el Cesar -formalmente- una esperanza. Sí, como dijo el ilustre Alfonso Araújo Cotes, se trata del hecho más relevante para los cesarenses, después de la creación del Departamento, que pasó hace 50 años. El Consejo Superior Universitario, máximo órgano de la Universidad Nacional, aprobó, de manera unánime, la apertura de una nueva sucursal universitaria: la Sede de La Paz, que se situará entre los municipios de Valledupar y La Paz-Robles.

Este es un proyecto que floreció por iniciativa de la sociedad civil del Cesar y La Guajira, especialmente por el empeño de varios egresados de la UNAL que son oriundos de la región. Claro, es la ilusión de un pueblo, el camino hacia un porvenir menos desigual, inculto y violento. Aunque a veces se mostró dubitativa, así lo logró entender -incluso- la dirigencia política regional y nacional. Mejor no lo pudo decir el rector Ignacio Mantilla: “Este es un sí que reafirma el interés de dejar atrás el pasado colonial, perpetuado con ideas arraigadas de quienes afirman que las zonas andinas del país son las que dirigen la vida política, social y científica”.

Sin embargo, el periodista Herbin Hoyos, poseído por el asco que le causa el proceso de paz con las FARC, grupo guerrillero que lo mantuvo secuestrado durante un par de semanas, no valoró la buena noticia que recibió la Costa Caribe, sino que vomitó en Twitter su ira: “Sería muy bueno que la @UNColombia creara programas para apoyar a las víctimas de las FARC y NO para apoyar el proyecto político de las FARC”. Figúrense, Herbin, director del programa Las voces del secuestro y Premio Nacional de Paz, desacreditó la esperanza de una región, al sugerir que la Sede de La Paz es una plataforma para impulsar las ideas de las FARC. Sí, a eso redujo los esfuerzos de tanta gente.

Ante las afirmaciones insultantes de Herbin, resulta oportuno realizar algunas aclaraciones. Aunque el nombre de la nueva sede no solo provino de su ubicación, sino también del momento histórico que vive el país con el acuerdo de La Habana, eso no indica que la universidad va ser un instrumento político de las FARC. No, la universidad será un espacio para la investigación, el debate y la reconciliación: ese es su verdadero objetivo.

Además, Herbin, no olvides que la educación es un motor de transformación individual y colectiva: las victimas pueden hallar en ella una forma de reencontrarse con sus sueños, mientras que los victimarios una oportunidad para reincorporarse a la vida civil. Pero bueno, lo más importante es que tengas claro que la Sede de La Paz surgió sin sesgos ideológicos, sin tu antipatía: su semilla se sembró en el 2008, antes de la polarización que nos agobia.   

Miren, aquí se está anunciando la llegada de la facultad de medicina, que no existe ni en el Cesar ni en La Guajira. Será la primera vez en 150 años que la UNAL ofrezca esta carrera por fuera de la Sede de Bogotá: Herbin, ¿en serio no entiendes lo que esto significa para una región tan sufrida y atrasada?, ¿en serio pensaste, al menos un poquito, antes lanzar tu trino? Viejo, estigmatizaste a una hermosa causa, a un pueblo. Reflexiona, no te sigas dejando llevar del enojo, del egoísmo.

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El lenguaje de la polarización

Por Carlos César Silva

Amigos, Colombia se ahoga en el mar turbulento de la polarización. El miedo, el radicalismo y la estigmatización son las armas principales en el duelo político. Sí, las emociones imperan sobre la sensatez. Una ceguera -quizás como la que dibujó José Saramago- nubla nuestra prudencia y generosidad. Los temas fundamentales del país permanecen a un lado y la desinformación, que es un retoño de la trampa, forja un ambiente de desconcierto, de caos.

El país vive una división extravagante y perniciosa. El acuerdo de paz con las FARC distancia rabiosamente al pueblo, mientras que la derecha y la izquierda son panteras que se devoran en una jaula sin salida. Miren, ahí vienen unas elecciones presidenciales repletas de rencores, ofensas y mentiras. El fundamentalismo vence al pragmatismo, la cordura se convierte en un defecto y los gritos silencian el diálogo razonable. Nos estamos dejando conducir del enojo en este momento histórico, hay que recapacitar: la corrupción y el despotismo no tienen color político, pueden salir de cualquier parte.

Un lenguaje vulgar, irracional y mezquino invade las redes sociales. El debate político no se funda en los argumentos, sino en las calumnias, el matoneo y el ánimo de destruir al contrincante. Los de derecha le dicen guerrilleros a los de izquierda y los de izquierda le dicen paracos a los de derecha. Igual sucede con los del Sí y los del No. Las consignas substituyen a las propuestas y a los conceptos. No estamos pensando en el futuro del país, no estamos buscando acuerdos. Nuestras lenguas solo disparan furia, humillaciones.  

Los estigmas causan rechazo, aislamiento e incluso la muerte. Es tiempo de mirarnos de frente, de intentar reconocernos. Hay que comprender que nadie tiene la obligación de pensar como nosotros. Ya basta de ponerle una marca con malicia a la gente: izquierdista o derechista, paraco o guerrillero. Veámonos como personas que tenemos derechos y deberes, que tenemos un corazón y una historia particular: Colombia necesita renacer, necesita superar la violencia, la pobreza, la injusticia, la exclusión y la rabia.

Resulta necesario desactivar el lenguaje del rencor, del menoscabo. Hay que pensar más antes de hablar, el otro merece ser entendido. Las palabras no pueden seguir generando división, enfados y violencia. Producir temor es sencillo, reunificar un país quebrado por el resentimiento puede volverse algo utópico. Así como están las cosas, las próximas elecciones serán caóticas: aquí el triunfo político se empeña en ser más importante que el consenso, que es lo que permite de verdad reconstruir un país. Amigos, más allá de las diferencias y las inclinaciones partidistas, podemos pactar algo: no agredirnos, ni desinformar, ni desenfocar el debate de ideas. Vamos a darnos la mano y a contribuir al desarrollo de Colombia, aunque estemos en orillas distintas.  

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El pleito de las hienas

Por Carlos César Silva.

1. Durante los dos gobiernos de Juan Manuel Santos, German Vargas Lleras fue ministro del interior, ministro de vivienda y vicepresidente. Desde dichos cargos, el nieto materno del expresidente Carlos Lleras Restrepo, acumuló un poder político descomunal en todo el país, influyendo en las diferentes ramas del Estado. Aquí en la Costa Caribe, sus tentáculos han sido adorados por muchos: los Char (Atlántico), los Cotes (Magdalena), los Monsalvo Gnecco (Cesar), los Kikos (La Guajira)…

2. En un elocuente arrebato de sinceridad, Vargas Lleras reconoció que hizo campaña para su aspiración presidencial mientras estuvo en el gobierno de Santos: “…yo nunca lo oculté, nunca lo oculté”, expresó con firmeza o tal vez con enojo. No obstante, ahora Vargas Lleras toma distancia de Santos, poco le importa haber construido un capital político a costillas del nieto-sobrino del expresidente Eduardo Santos Montejo.

3.  Aunque antes del plebiscito Vargas Lleras manifestó ciertas dudas sobre el Acuerdo de Paz con las Farc, la oposición férrea que ahora exhibe contra la Jurisdicción Especial para la Paz, que es la columna vertebral de la principal obra política de Santos, no deja de resultar contradictoria, no deja de heder a oportunismo. Hasta Álvaro Uribe Vélez, que debería estar contento porque alguien muy poderoso piensa parecido a él, indicó: "Vargas Lleras pudo exigir una reforma seria al acuerdo con el terrorismo después del triunfo del No. Apoyaron desconocer el plebiscito".

4. Claro, Uribe no puede hablar demasiado sobre contradicciones. Figúrense, él, que ahora coge rabia porque Jesús Santrich visita el Congreso, señaló sobre el paso apoteósico de Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y Ernesto Báez por el Capitolio (ninguno de los tres había sido juzgado hasta aquel momento): "Desde que haya buena fe para avanzar en un proceso, no tengo objeción a que se les den estas pruebitas de democracia. Creo que se sienten más cómodos hablando en el Congreso que en la acción violenta en la selva".

5. Además, Uribe, que se vive quejando porque Santos abusó de su buena fe, en el 2006 propuso sobre la participación en política de los guerrilleros: ““Si un acuerdo de paz exige que vayan al Congreso, eso hay que removerlo, ese obstáculo seguramente habrá que removerlo con una norma constitucional. Por ejemplo, la Ley de Justicia y Paz nunca pretendió alterar lo que hay en el ordenamiento jurídico, que prohíbe la amnistía y el indulto para los delitos atroces, seguramente en un acuerdo con las guerrillas eso habrá que llevarlo al texto constitucional…”.

6.  Al parecer las encuestas tienen desesperado a Vargas Lleras. No soporta verse en el tercer o cuarto puesto: él que tiene tanto poder, él que nació para ser presidente. Mírenlo bien, está dispuesto hacer cualquier cosa para no perder: alejarse del gobierno impopular de Santos que le soltó una chequera generosa, criticar el acuerdo de paz que produce tantas dudas, negar a Cambio Radical, su cuestionado partido, como Pedro negó a Jesús e insinuar que Sergio Fajardo, Jorge Robledo y Claudia López son cómplices de las Farc. Ahora su discurso produce miedo y rabia, sabe que en medio de la confusión es más fácil pescar el poder: ¿Será que JJ Rendón lo está asesorando?

7. La paz para Vargas Lleras no es un derecho, ni un deber, ni un fin del Estado, sino un negocio. Sí,  para muchos políticos es eso: un simple negocio. Eso explica porque Uribe se contradice, porque Santos traicionó a Uribe, porque Vargas Lleras ahora se divorcia de Santos. A estos personajes no les preocupa el bienestar del país, solo les importa alcanzar el poder. Actúan sin principios, están dispuestos a odiarse y amarse al mismo tiempo. Por eso no me extrañaría que la postura de Vargas Lleras frente al acuerdo de La Habana, sea una jugada de póker de Santos para meterle un enorme caballo de Troya a los del No.

Twitter: ccsilva86

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Pa' que los sueños no se mojen

Por Carlos César Silva.

Deiler Diaz Arzuaga llegó al teatro cuando estudiaba en el colegio, pero no le gustaba mucho, pues creía que era algo primario. Un día vio una obra que trajeron a la Casa de la Cultura, se trataba de una gente atrapada en el baño del Palacio de Justicia el día de la toma del M-19. Desde entonces su concepto cambió. Entendió que lo primario era lo que hacían en el colegio y que el teatro era algo más complejo, así que consiguió 100 mil pesos y se fue detrás de un primo que estaba estudiando Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena.

Dio vueltas por aquí y por allá, estudió algo de teatro, fue actor e intentó entrar a la facultad de derecho de la UPC. Hasta que un día pasó por la Escuela de Bellas Artes de Valledupar, se encontró con un puñado de amigos que había conocido en Cartagena y comenzó a consolidarse como director de teatro. Hoy lidera el colectivo Maderos y está empeñado en no dejar que sus esperanzas se ahoguen. 

—Deiler, hermano, ¿en qué consiste la campaña Pa' que los sueños no se mojen?

—Fue una idea motivada por algunos espectadores de Maderos que notaron que nuestras funciones resultaban afectadas por la lluvia. Los pocos recursos que genera Maderos no alcanzan para construir un techo con rapidez. De acuerdo a nuestras cuentas, necesitamos conseguir 25 millones de pesos,  con esta campaña podríamos tener el techo en el mes de abril del año entrante. Realmente creemos que si no se siguen realizando las funciones por la lluvia, podemos perder el público que hemos venido ganando con esfuerzo a lo largo de dos años y medio.

—¿Cómo se pueden hacer las donaciones?

—Se pueden realizar a través de una consignación en la cuenta Bancaria N° 523-454372-82 de Bancolombia. También pueden a acercarse a Maderos y llevarse un listado de elementos de construcción que hacen parte de la estructura del techo.

—¿Qué le aporta Maderos Teatro a Valledupar?

—Maderos es la única sala de teatro independiente de la ciudad. Nuestro primer propósito es crecer como colectivo teatral a través de una propuesta estética constante. Generamos en Valledupar la formación de un público para espectáculos de artes escénicas. La llegada de Maderos al centro histórico ha revitalizado la zona, construyendo un espacio de vida, donde un número grande de personas cada fin de semana se reconocen y dialogan con una de las artes más antiguas.

—¿Cuantas obras de teatro se han presentado en Maderos?

—A lo largo de dos años y medio se han realizado aproximadamente más de 250 funciones propias y de compañías nacionales e internacionales. Se han recibido a más de 10 mil espectadores.

—¿Qué tanta acogida ha tenido Maderos en Valledupar?

—Nuestro público ha sido permanente. Eso nos ha permitido sostener los gastos de la sala. Mucha gente que nos visita por primera vez nunca ha visto teatro y cuando lo ven regresan con más gente, como si se les revelará un tesoro que deben compartir.  Ahora que nos tocó cerrar las puertas por la falta de un techo, las personas comenzaron a llamar, preguntaban cómo podían colaborar para que no cerráramos definitivamente. Esas cosas nos motivan a continuar.

—¿Desde la alcaldía de Valledupar que tipo de apoyo han recibido?

—Ninguno. Hace unos meses se rodó la premisa de comprar una casa para Maderos a través de los recursos de la ley de espectáculos. Hoy vemos al alcalde bastante motivado con el tema. Nos mandó a cotizar las casas que pueden funcionar como sede. Hasta el día de hoy hemos seguido los pasos. Esperamos con paciencia, sabemos que es una tarea difícil.

Twitter: ccsilva86 

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La salud de los miserables

1. Las muertes.

El pasado 17 de septiembre, el programa Séptimo Día de Caracol Televisión, emitió una investigación bajo el interrogante categórico: “¿Tiene relación la muerte de 16 recién nacidos con medicamento falsificado dado en Clínica Laura Daniela en Valledupar?”. El informe produjo dolor y furia entre muchos vallenatos, pero también vergüenza, sí, vergüenza porque tuvo que venir un medio nacional a visibilizar algo que se está pudriendo delante de nuestras narices: ¡solamente así fuimos capaces de reaccionar! Solo así.  

Asimismo, causó pena que Colombia se diera cuenta que el Cesar tenía una secretaria de salud enoffside, ajena al sufrimiento de las progenitoras que perdieron a sus hijos. Como funcionara departamental, Carmen Sofía Daza se hizo el haraquiri con sus miserables argumentos: “Ninguno de los bebés falleció por el medicamento adulterado”, “De todas maneras se iban a morir”, “Yo no soy experta”. Ahora Franco Ovalle nombró en su remplazo a Nicolás Mohrez Muvdi. Ojalá Mohrez entienda que tiene una labor especial: ayudar a esclarecer la extraña muerte de los neonatos

2. El negocio.

Los Arce (Jaime y Carlos) son unos empresarios de la salud, sí, en este país la salud es menos un derecho esencial que un negocio. Los tentáculos de los Arce llegan a la mayoría de las clínicas de la ciudad: Santa Isabel, Médicos, Valledupar, Alta Complejidad del Caribe y, por supuesto, la tal Laura Daniela. Algunos médicos que han trabajado en sus empresas, dicen que ellos son mala paga, tramposos. Sin embargo, Jaime anda muy tranquilamente en su Ferrari, su Porsche o su Mustang, mientras que Carlos recibió en el 2015 el premio como empresario del año por parte de la Cámara de Comercio de Valledupar. Obvio, son negociantes, negociantes de raca mandaca, incapaces de promover la compra de medicamentos adulterados.

3. El silencio.

Ante la dolorosa noticia del fallecimiento de 16 neonatos entre junio de 2016 y enero de 2017, la clase dirigente del Cesar, en términos generales, ha reaccionado de forma fría, insípida. Franco Ovalle y Tuto Uhía han sido poco contundentes frente a la tragedia, les ha faltado más determinación a la hora de exigirle un mejor servicio de salud a empresas como la Clínica Laura Daniela. Los parlamentarios han estado más silenciosos que un mudo cuando no quiere hablar: muchachos, ojalá abordarán este tema con fervor, sí, con el mismo fervor con que lucharon heroicamente contra Electricaribe. Animo, no le paren bolas a los cuentos, no importa que digan que solo asumen esta causa noble porque se avecinan las elecciones.

4.  Los miserables.

La vida (así como la libertad) es lo más hermoso y relevante que tiene el ser humano. Duele ver cómo muchos empresarios ultrajan la dignidad de los enfermos, cómo tiran la ciencia a un lado para hacerle honor a la extravagancia. Mientras unas madres lloran a sus bebés muertos y varios médicos y enfermeras reclaman que se les pague puntualmente, cierto comerciante de la salud compra tres viviendas en un conjunto cerrado de estrato alto y las transforma, sin cambiarles la fachada, en una sola casa.

Es tiempo de exigir respeto por la vida. La gente y la clase política debemos hablar con hechos (marchas, denuncias, debates), debemos rehusarnos a morir por la dejadez empresarial. Al menos que las ganas de vivir nos unan, las clínicas tienen que ser espacios de esperanza, no infiernos que anticipan la muerte.

Twitter: ccsilva86

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