Menu

Fonseca conoció el entorno de Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Hace dos años cuando el cantante y compositor bogotano Juan Fernando Fonseca ganó el Premio Grammy Latino Vallenato/Cumbia, con la producción musical en homenaje a Diomedes Díaz, se hizo el propósito de visitar el territorio donde nació y vivió ‘El Cacique de La Junta’.

Llegó el momento de cumplirlo y en dos días hizo un recorrido por Valledupar, Patillal,  Urumita, Villanueva, San Juan del Cesar y La Junta, poblaciones pegadas al alma del hombre que se la pasó toda la vida cantándole a las costumbres pegadas a su sentimiento.

Fonseca, parrandeó y pudo conocer de cerca el entorno del artista vallenato y expresar su pensamiento sobre las canciones que grabó al lado de sus hijos Rafael Santos y Martín Elías y de los Reyes de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata Gonzalo ‘El Cocha’ Molina y Álvaro López. También estuvo acompañado por el artista vallenato ‘Chabuco’ Martínez.

“Es de mucha alegría conocer de cerca esta región donde trascurrió la vida de Diomedes Díaz, un artista que marcó la historia del vallenato y sus canciones se han eternizado con el paso del tiempo”, fue su primera declaración.

Fonseca, en su paseo pueblerino iba conociendo detalles de la vida de Diomedes, y también contando sobre la historia de ese premio: “Se me cumplió un sueño, porque de los cinco Grammy que me he ganado, ese tiene un gran significado. Siempre he sido un gran fanático del vallenato. Me enfoqué en las canciones de Diomedes Díaz, porque su música es parte de nuestra sangre e hice el álbum con todo el corazón. Confieso que no leí ninguna de las letras de las canciones mientras las estaba grabando porque desde niño las conozco”.

Al indagarle sobre la canción que más le gustaba de Diomedes Díaz, no dudó un instante y manifestó que era la dedicada al maestro Rafael Escalona. “Por Dios que sentimiento”. Y de una la cantó unido al actual Rey Vallenato Jaime Dangond Daza.

 

Señor Rafael Escalona, Señor Maestro

reciba un abrazo fuerte de parte mía.

Ya hace tiempo quería rendirle este homenaje

y hoy en nombre del valle, quiero hacerle saber

ay que vivimos contentos, y orgullosos de usted.

“Ese es un canto bello para el maestro Escalona. Qué manera tan preciosa de expresarle su agradecimiento”, terminó diciendo Fonseca.

Enseguida repasó varias de las 12 canciones que grabó, y que además del galardón tuvo el visto bueno de la fanaticada de ‘El Cacique’, como en San Juan del Cesar que lo premiaron con aplausos.

En un momento dado todos querían preguntar y que el artista cantara. No respondió, pero interpretó ‘El cantor de Fonseca’, cuyo coro se lo hicieron los presentes. “De esa canción me gusta la interpretación de Carlos Vives”, expresó.

 

Las gracias del Rey Vallenato

El Rey Vallenato Jaime Dangond Daza, tuvo palabras de elogios para Fonseca, por su aporte a la música vallenata.

“Gracias a Fonseca que se atrevió a cantar vallenatos con el éxito conocido. En esas 12 canciones está la historia viva de Diomedes Díaz Maestre, el inmortal”.

El Rey Vallenato unido a Fonseca fueron citando los nombres de esas canciones: ‘Homenaje al maestro Escalona’, ‘Brindo con el alma’, ´Tres canciones’, ‘Mi primera cana’, ‘Amarte más no pude’, ‘Mi muchacho’, ‘Sin medir distancia’, Que hubo linda’, ‘Bonita’, ‘Tu eres la reina’, ‘Te quiero mucho’ y ‘Simulación’.

 

Homenaje a Carlos Vives

 

En medio del diálogo entró el tema del artista samario Carlos Vives, diciendo que ese homenaje que recibirá en el próximo Festival de la Leyenda Vallenata es merecido. “Carlos ha sido el mejor embajador del vallenato. En cada uno de los países que visito el vallenato tiene la marca de Carlos Vives porque tuvo el honor de darle la importancia a esos juglares. Ejemplo, ‘La gota fría’, ya identifica al vallenato en el mundo”.

Lo que si lamentó es no poder estar en Valledupar del 26 al 30 de abril por compromisos en el exterior. “Me da mucha tristeza no acompañarlo, pero las veces que he estado en el Festival Vallenato lo he disfrutado porque es un evento de gran altura folclórica, y el ejemplo a seguir. Ya serán 51 años y que bien lo hacen los directivos de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata dirigidos por Rodolfo Molina”.

Fonseca a la distancia aplaudirá a Carlos Vives, mientras tanto seguirá cantando vallenatos en parrandas, conciertos y donde sea invitado.

“El vallenato no dejo de cantarlo porque siempre he sabido de las historias de esos cantos y el sentimiento que se le pone para que agrade a todos. Les digo a los jóvenes que escuchen el vallenato clásico que ahí está la clave”.

La parranda se extendió hasta el amanecer donde todos los cantos vallenatos prendieron el ambiente, recuperaron los recuerdos y llenaron de alegría los corazones.

No en balde se brindó gran cantidad de veces con el alma, ni se midió distancia de un trago a otro, porque un acordeón, una caja, una guacharaca y una voz pusieron la melodía que nunca disimuló la felicidad.

Leer más...

La eterna máquina de escribir de Consuelo Araujonoguera

Crónica de Juan Rincón Vanegas

La eterna máquina de escribir de Consuelo Araujonoguera le regaló millones de letras, porque ella al presionar las teclas con todo el amor del mundo, al cabo de los minutos o las horas dejaba plasmado en una hoja su pensamiento cultural, folclórico, político, social o cívico. Escribir para ella era un acto sagrado, y el invitado de honor era el silencio. Nada de ruidos.

Escribía sin descanso hasta que concretaba las ideas, cuyos apuntes los tenía en hojas que llenaba de letras. Acostumbraba a subrayar, para que llegaran primero al meterse el teclado. Era maniática del reciclaje de papeles, es así como las hojas las llenaba por ambos lados, y su consigna era “antes de que se acaben”.

La Carta Vallenata

Durante muchos años, su primera máquina de escribir marca Remington fue una compañera permanente, y en ella nacieron libros, crónicas, entrevistas, documentos y principalmente, su columna ‘La Carta Vallenata’ en el periódico El Espectador, la que escribió durante 22 años. Precisamente, al fallecer el periodista Gabriel Cano, en su columna del 24 de febrero de 1981 escribió: “Aquí estoy ante mi vieja máquina con un nudo en la garganta, y los ojos llenos de lágrimas tratando de encontrar las letras. Intentando, más que cazar letras que siguen ahí borrosas bajo los dedos, hallar las palabras, las frases precisas que puedan servirme para decirles a todos en esa forma convencional y práctica en que debemos escribir cuando lo hacemos para los lectores, lo que siento y lo que creo de las enseñanzas que nos deja don Gabriel Cano”.

Desde esa vieja máquina de escribir que hoy se expone en la Tienda Compai Chipuco de la Plaza Alfonso López de Valledupar, salieron sus obras ‘Vallenatología’, ‘Escalona, el hombre y el mito’, ‘Lexicón del Valle de Upar’, y algunas obras inéditas como ‘En la casa de Alto Pino’, ‘Leyendas en clave de sol’ y ‘Romancero Vallenato’.

Bases del Festival

Muchas horas de desvelo le tomaron a Consuelo Araujonoguera para darle forma a los reglamentos de los concursos del Festival de la Leyenda Vallenata. Hilvanando ideas, llenándose de requisitos y acudiendo a sus investigaciones, sacó a la luz pública ese documento que es la guía que marca las bases del máximo evento de acordeones cantos y versos de Colombia.

Ella muy bien lo expresó: “Yo parí el Festival”. Efectivamente, así fue cuando contaba con 27 años. Y una mamá que parió un hijo que ya casi llega a los 51 años, se vuelve grande en el concierto del corazón del alma y más cuando ese nacimiento, como ningún otro, todavía es celebrado y aplaudido desde distintos lugares del mundo.

En medio de los recuerdos impregnados de música de acordeón, caja y guacharaca, arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestación folclórica, se le suma que al lado de Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo, hace 38 años, rescataron la danza de El Pilón Vallenato, metiéndola de lleno a la inauguración del Festival  de la Leyenda Vallenata. De esta manera, por las calles de Valledupar se desplazan a finales del mes de abril más de 150 grupos de piloneras en las categorías infantil, juvenil y mayores.

Del burro al Internet

Consuelo Araujonoguera, unos meses antes de despedirse de la vida, avizoró el cambio que se avecinaba con la tecnología, pasando del burro en los que andaban nuestros juglares, al Internet que se desplaza en segundos por todo el mundo.

Sobre el tema, ‘La Cacica’ escribió la crónica ‘Del burro al Internet’, cuyos apartes señalan: “Tendrán entonces nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos el privilegio de sólo hundir un botón en sus sofisticados computadores para enseñarle a un auditorio absorto que sí fue verdad que existió un hombre mítico llamado Rafael Escalona, que le construyó una casa sin cimientos sostenida en el aire por millares de ángeles diminutos a su primogénita; y que para que la segunda de sus hijas no se sintiera menos, hizo brotar para ella un manantial en lo más alto de la serranía y se lo adornó con un conjunto de sirenas que tenían como misión pechicharla con sus cantos. Y mientras van sacando de las tripas de las máquinas -que habrán sustituido en mucho a las personas- datos, fotos, voces, gestos, palabras, compases, alegrías y tristezas… les hablarán de un maestro llamado Adolfo Pacheco, que de un trasteo a Barranquilla de su padre anciano acogotado por las penas y el desconsuelo, hizo un romance de amor filial y una alabanza certera a la vida provinciana cuando advirtió:

 

A mi pueblo no lo llego a cambiar ni  por un imperio,

yo vivo mejor llevando siempre vida tranquila.

Parece que Dios con el dedo oculto de su misterio,

señalando viene por el camino de la partida.

 

Les contarán que fue Emiliano Zuleta, el más grande de una dinastía que comenzó a principios del siglo XX, y se prolonga increíblemente mucho más allá del tiempo posible, no sólo por su sempiterna fertilidad genética, sino por la persistencia de una gota fría que sigue calando y penetrando más allá de nuestras fronteras… Les dirán también a sus bisnietos que en un viejo palenque enclavado en tierras cesarenses a orillas del río Guatapurí, existió un pequeño gran hombre llamado Lorenzo Morales, que en noches de luna llena, abrazando su acordeón, le mandaba recados groseros a su eterno rival villanuevero.

Se referirán, con un hilo de nostalgia, a Tobías Enrique Pumarejo, el aristocrático alumno vallenato de las aulas antioqueñas que mandó a la quinta porra sus estudios en Medellín, porque ya no tenía pañuelos para aguantar las lágrimas y una tarde apareció en las sabanas del Diluvio sobre la estampa gallarda de un caballo alazán, compañero y alcahuete de sus citas, que murió bajo una mata de trinitaria llevándose el secreto de sus amores y amoríos”.

El paso al computador

En el año 2000, una joven entró como secretaria de Consuelo Araujonoguera. Se trataba de Lourdes Ibama Ramírez Medina. Ella, cuenta que cuando en la oficina se compró el primer computador, y por ende había que dejar a un lado la máquina de escribir, ‘La Cacica’ pronunció una frase que fue el mayor estímulo para el cambio brusco de ese momento: “A uno no le puede quedar grande nada. Tiene que aprender de todo”.

…Y en verdad, se sigue aprendiendo de todo porque el mundo avanza, pero el recuerdo de ‘La Cacica’ sigue intacto y escribiéndose ahora sobre el teclado de un computador o de un acordeón, que casi es lo mismo, por el sonido de un vallenato. Muy bien lo cantó ‘El Cacique de La Junta’, Diomedes Díaz:

 

Le voy a cantar a un alma que está en el cielo

pa’ que el alma de nosotros aquí en el pueblo,

suspire solo un ratico desde ese día

oscuro día que murió Consuelo.

 

Las nubes que van pasando me traen recuerdos

por eso cantando lloro al mirar pa’ rriba,

porque así como esas nubes se fue Consuelo

y allá entre nubes quedó su vida…

@juanrinconv

Leer más...
Suscribirse a este canal RSS
Bookmakers bonuses with gbetting.co.uk click here